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INMACULADA CONCEPCIÓN

La Inmaculada Concepción de María Santísima, conocida también como la Purísima Concepción, constituye uno de los dogmas más queridos y venerados por la Iglesia Católica, proclamado solemnemente por el Papa Pío IX en 1854. En él se afirma que la Virgen María, desde el primer instante de su existencia, fue preservada de toda mancha de pecado original en atención a los méritos de la Redención de su Hijo Jesucristo. Este privilegio singular de la Madre de Dios no hizo sino confirmar lo que ya era un sentir unánime de la tradición cristiana a lo largo de los siglos.

La ciudad de Sevilla, siempre pionera en tantas expresiones de fe, se convirtió también en baluarte de esta creencia. Ya en el siglo XIII encontramos cofradías que honraban este misterio, y en 1617 la ciudad proclamó de manera solemne el Voto Concepcionista, adelantándose en siglos a la proclamación oficial del dogma.

Nuestra Hermandad, erigida en sus orígenes como Sacramental, acogió desde el principio la devoción a la Purísima, vinculándola íntimamente al culto eucarístico. No en vano, el seno virginal de María fue el primer Sagrario de Cristo, misterio que la tradición sacramental ha sabido reconocer con profunda veneración.

Como herencia de este espíritu, la Hermandad conserva con fidelidad el lema:

«Alabado sea el Santísimo», 

procedente del cántico que resuena en nuestras celebraciones:

Alabado sea el Santísimo,

Sacramento del altar,

y la Virgen concebida

sin pecado original.

Este himno, entonado en la reserva del Santísimo Sacramento, testimonia la unión indisoluble entre la devoción eucarística y la Inmaculada Concepción.

En nuestra parroquia se le tributa culto a la imagen de la Inmaculada Concepción de María Santísima, ubicada en la capilla del Sagrario, y su presencia se extiende igualmente a las insignias corporativas, como el banderín pintado por Luis Rizo, y a los propios colores de la Hermandad: el blanco, que evoca la pureza y castidad de San José, y el azul, emblema de la Purísima Concepción. Estos colores se hacen visibles tanto en el hábito nazareno como en el cordón de la medalla de hermano.

En el plano cultual, hasta la erección como Hermandad de Penitencia, se celebraba en honor de la Inmaculada un Solemne Triduo y Función Principal, teniendo como referencia la bendita imagen de Nuestra Señora de los Dolores. En ocasiones especiales, con motivo de efemérides destacadas, la Hermandad ha celebrado también devotos besamanos a la Santísima Virgen en la solemnidad del 8 de diciembre.

La Inmaculada Concepción de María Santísima constituye, en definitiva, una de las columnas espirituales sobre las que se levanta nuestra Hermandad de San José Obrero. Ella es modelo de pureza, Madre y Protectora, y en torno a su misterio se expresa nuestra fe e identidad desde los orígenes hasta nuestros días.